sábado, 5 de septiembre de 2009

Sean bienvenidos a mi blog acerca de mi viaje a Valdivia, espero lo disfruten

El día anterior al viaje...

Ya faltan unas horas para que con el curso nos juntemos en el frontis del colegio hasta esperar a que lleguen los buses que nos transportaran a los dos cursos hacia el sur, hacia Valdivia.
Este "paseo" lo estábamos esperando hace meses, y a mi parecer lo necesitábamos, porque el encierro en el colegio era demasiado, y ya nos hacia falta salir de la rutina aunque sea por un día, y justo salimos un día viernes ¬¬.
Ahora que solo me quedan pocas horas, no me siento ansioso o nervioso, lo que según mi razonar, sentiría el resto en estas instancias previas al encuentro. Aún así, creo que el viaje será algo que muchos recordaran de las experiencias vividas en el colegio.
Bueno, mi mochila ya está preparada, y ando cargado de comida en cada bolsillo, con 1,5 lts. de jugo y 1 litro de leche con chocolate, no podría necesitar más, aparte de la bolsa de galletas Morocha y unos chocolates que me enviaron mis tatas desde el sur. Con tanta comida, no podía alegar durante y después del viaje.
Ya se me hace tarde, debo terminar de escribir pronto para que me vaya a acostar. Continuaré después.

En la mañana...

Ya me quedan unos pocos minutos para juntarme con los demás en el colegio, y aprovecharé este momento para hacer una breve predicción: los buses llegarán tarde y nos tocará el más ordinario, y puede que ni tenga baño (para variar).
Terminé de guardar unas cosas para que en el bus tomemos desayuno con los chicos, y me toco llevar el jamón, aun que es lo más barato aparte del pan, ya que el Gabriel debe llevar el queso y el sempe la bebida con unas papas fritas que iba a tratar de llevar, por lo que debemos llevar además un vaso.
Este fue mi aporte a la bitácora ahora, pero seguiré escribiendo en otro momento.

En el bus...

Primero, mi predicción fue en parte cierta, ya que los buses llegaron tarde, y mucho. Pero nos tocó el mejor bus según yo, porque, ocurrió que estábamos esperando los buses, algunos estaban con su almohada y simulaban que dormían, otros no podían parar de moverse de la emoción, pero cuando llegó el primer bus, que era totalmente blanco por fuera y por dentro no tenía baño, todos los del otro curso se apresuraron por entrar y reservar su puesto, por lo que tuvimos que esperar a que llegara el otro. Pero no fue mucho, porque alrededor de los 10 minutos, apareció en la esquina un bus de turismo "último modelo", ya que se veía como esos buses Tur-Bus en los que el color verde siempre brilla. Digamos que eso era lo bueno, porque gran parte de mis compañeros decían que el baño apestaba, y la única vez que lo ocupé en el viaje no sentí nada, (puede que este acostumbrado), es broma lo de paréntesis.

Y segundo, el viaje hasta el momento ha sido de lo mejor, porque hace poco pasamos por Freire y nos detuvimos en frente de un local llamado Juan y Juan, en donde, el profe Héctor se bajó a repartir las colaciones que el Inspector Juan Antonio nos consiguió, muy amable de su parte por ese gran detalle. Pero, yo ya esperaba ese momento en el que vendría únicamente para decir: "Chicos, hasta aquí llegó su paseo", y con unas hojas en mano, ojalá no sea en un buen rato.

El hambre ya comienza a enviarme ideas de abrir uno de los paquetes de galleta, pero mi mente dice que no, ya que todavía me queda el desayuno improvisado que haremos con mi grupo, el que creo, estará bien hecho.

Seguiré escribiendo en otro rato, ahora intentaré descansar.




Una memoria antes de llegar

Estamos a punto de llegar a Queule, y pasamos por muchos pueblos. Me recuerda al viaje que hicimos el año pasado en vacaciones con mis padres, y para que conociéramos más de la región, salimos en familia a explorar toda la costa sur hasta llegar a Valdivia, en donde teníamos un primo enfermo. Pero en ese viaje, sólo alcanzamos a visitar el hospital y las cabañas en donde se hospedaban. Y ese fue todo nuestro paseo a Valdivia en ese año, del cual no me acuerdo mucho. Pero ahora, espero conocer más de la ciudad, para poder contarle a mi familia como es en realidad en el ámbito turístico.

Pero espero esta vez, poder pasear por el centro y no por el hospital, así podría comprar algo para mi o mis papas, pero creo que será para mi.

Ahora que me acuerdo, hace poco el profe Héctor comenzó a repartir una guía de trabajo, en el que tenemos que entrevistar sobre el terremoto del 69 y obtener alguna información sobre la influencia española en el área. Y aprovechando esto, el profe Haroldo nos dejó como trabajo recopilar una historia del lugar, ya sea mito o leyenda.



Nuestro desayuno, nuestro alrededor

Ya nos acercábamos a Queule y el hambre dominaba entre mis compañeros, hasta que uno de nosotros propuso que nos preparáramos los sándwiches, obviamente, todos estuvieron de acuerdo y comenzamos a sacar los ingredientes, que eran jamón, queso, ocho panes y bebida, pero yo llevé jugo, el cual no me serví. Yo había llevado alcohol gel por si acaso, y esta fue la ocasión para usarlo, porque parece que no se habían lavado las manos, pero cada uno sacó sus ingredientes, así nos evitamos problemas higiénicos.

En todo este viaje, no he dado detalles del paisaje en el que hemos viajado. Cuando partimos, el sol comenzaba a salir, y las nubes cedían a la luz solar para iluminar las calles que de temprano mostraban movimiento. Al parecer, había gente que se despierta más temprano que nosotros, pero a la hora que salimos del colegio ya era de esperar eso.

Mientras avanzábamos, el paisaje urbano cedía a uno rural, haciéndose cada vez más presente las fábricas de alimentos o distribuidores de autos con un fondo verde y un sol que brillaba en la cima de la cordillera. La carretera se notaba cada vez más transitada y con gran presencia de buses provinciales, entre los cuales estaban los nuestros que marcaban una gran diferencia.

Cuando pasamos Freire, se hizo presente aún más el paisaje rural. Se podía ver a las personas trabajando y alimentando a los animales, y más adelante, pude ver las zonas afectadas por las inundaciones causadas por la lluvia, en donde las casa debían ser protegidas por sacos o ser movidas a un área más alta. Algo sumamente increíble y lamentable.

    

Creo que volveré a escribir después de haber pasado por Queule.

Queule y Mehuin

Hace poco que salimos de Mehuin y tengo muchas cosas que describir. Empezando por Queule, tiene una gran Caleta, y los marinos mantienen una constante vigilancia. Lo primero que hicimos fue tomarnos una foto en grupo, y después nos dieron permiso para completar nuestra primera tarea por el pueblo, pero yo pasé a la Tenencia a cobrar una plata de un negocio de mis papas.

Después nos dirigimos a Mehuin, en donde nos dieron un descanso, y como nos estacionamos en la playa, hubieron algunos que aprovecharon a bañarse, mientras que yo decidí  pasear por la costa, manteniendo la vista en el mar, y ayudando a unas compañeras que se sacaban fotos encima de una roca que estaba dentro del mar, así que tenía que esperar que el agua se retirara para sacarlas junto a otro compañero, me parece que era el Felipe quién también ayudaba. Y así estuvimos por alrededor de 10 o 20 minutos, hasta que llegó el momento de partir, pero antes, nos sirvieron pan con queso, el que estaba delicioso. 


Y ahora, nuestro próximo destino, Valdivia.